​Nuestra responsabilidad para experimentar esa vida victoriosa

No basta con saber que puede vivir una vida victoriosa, necesita dar los siguientes pasos de obediencia:

  • Primero: debe conocer la verdad de que el pecado no tiene el poder de esclavizarlo más
Sabiendo [conociendo] esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado nuestro viejo hombre: el tipo de hombre que éramos antes de creer en Cristo, era el cuerpo del pecado que está controlado o gobernado por el pecado. Cuando dice «que el cuerpo del pecado sea destruido», se refiere a que al pecado se le quitó poder de controlarlo, es decir, Cristo le quitó al pecado la capacidad de enviciamiento con el que lo dominaba, ese poder quedó desarticulado, roto en la cruz. Esto no quiere decir que no peque, significa que no lo puede esclavizar.
  • Segundo: debe creer que esa victoria es posible por el poder de Dios
Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; no se refiere a la resurrección de los muertos, sino una vida de victoria en el presente, aquí en la tierra.
  • Tercero: debe apropiarse de esa victoria sobre el poder del pecado
Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
«Consideraos» significa hacer tuya esa verdad, sin dejar que ningún pecado reine en su cuerpo, interiorice esa verdad en su mente.
  • Cuarto: debe salir del gobierno del pecado
12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias. No use sus miembros para ponerlos bajo el dominio del pecado, sino a Dios. Antes el pecado lo mandaba, ahora que Cristo le quitó el poder, no deje que ningún pensamiento pecaminoso permanezca en su mente, clama la victoria de Cristo sobre el pecado.
  • Quinto: debe consagrar sus miembros a la justicia no a la iniquidad
Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. Saque sus ojos de ver la maldad, sus labios de lo que no deben hablar, por el contrario que cada miembro de su cuerpo sirvan a Cristo, quien lo libertó de Satanás y del pecado.