​Sorpresiva fuente de ansiedad

Si eres hijo de Dios, ¿qué te ha dicho el Señor sobre lo que está sucediendo en tu vida en este momento? ¿Qué te ha dicho sobre su actitud con respecto a ti? ¿Te ama el Señor? ¿Es soberano? ¿Está pasando algo en este mundo que Dios no conoce y no tiene cuidado de eso?

Si caminamos por tu vida de manera lógica y bíblica por un momento, sabemos que Dios entiende completamente tu situación actual. ¿Estás de acuerdo con eso? ¿Hay algo en el mundo que Dios no pueda hacer? La Palabra de Dios nos da una respuesta clara a esta pregunta, diciéndonos que Dios no solo conoce perfectamente tu situación, sino que está en su trono en este momento. Él está totalmente en control.

Por lo tanto, si estás de acuerdo en que Él lo sabe todo y que tiene todo el poder, eso no necesariamente te mantendría a salvo… a menos que Él realmente te ame y se preocupe por ti. Romanos 8: 28-30 nos dice que Dios siempre está obrando, haciendo que todas las cosas obren juntas para bien a los que lo aman, para aquellos que son llamados de acuerdo a su propósito. ¿Es eso cierto? ¡Es gloriosamente cierto! Pero déjame decirte lo que significa. Cuando tenemos miedo, nos preocupamos o deprimimos, en realidad estamos mostrando incredulidad acerca de estas realidades; estamos diciendo: «No te creo». Cuando me preocupo, o creo que no sabe qué tiene preocupado a mi corazón, o considero que no tiene control sobre lo que me preocupa, o me parece que no le importo.

De hecho, ya sea que lo reconozcamos o no, nuestros corazones ansiosos dicen: Dios, confío en «mí conmigo» más de lo que confío en «ti conmigo». Confío en que me cuidaré mejor, de lo que confío en que tú me cuidas. Déjenme explicar esto. Si alguien se pusiera de pie en su próxima reunión de la iglesia y dijera: «Estoy mejor equipado para cuidarme a mí mismo, que Dios», ¿sería orgulloso?

Cuando estamos llenos de preocupaciones, con lo que estamos lidiando en realidad, es un problema de orgullo. Por eso el Espíritu Santo nos dice a través de Pedro, que cuando entregamos nuestras ansiedades a Dios, nos estamos humillando ante Él.

Hasta que dejemos de pensar que Él realmente no sabe, o que realmente no tiene el control, o que realmente no le importa; hasta que nuestros corazones cambien y dejemos de lado nuestro orgullo, en realidad nos distanciamos de la ayuda de Dios.
Dios se opone a los orgullosos y da gracia a los humildes. La situación con el corazón lleno de problemas es el orgullo, y la respuesta para ese orgullo es el arrepentimiento.