LA IMPORTANCIA DEL DISCIPULADO

Cuando respondemos al ofrecimiento de salvación que Jesús nos hace, nos volvemos parte del cuerpo de Cristo. En la iglesia celebramos esto con el bautismo. Cada vez que tomamos la comunión nos reunimos como el cuerpo unido de Cristo, sostenidos por Él y Su sacrificio por nosotros.

«El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Así como
me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, también el que come de mí,
vivirá por mí» (Juan 6:56–57).

En la adoración, la liturgia, la oración y la reflexión, al amar a Dios y vivir en Cristo y seguirlo por medio del poder y la guía del Espíritu, crecemos más para ser como Jesús. Nos volvemos más capaces de discernir cómo podemos vivir mejor en el lugar donde estamos de una manera que sea congruente con la historia que encontramos en la Biblia. Aquí es donde aprendemos a actuar con justicia, amar con misericordia y caminar en humildad con Dios.
Al relatar la historia del llamamiento de los discípulos, los Evangelios nos enseñan que nuestra relación con Jesús no se trata solo de pasar tiempo con Él y de tenerlo como parte de nuestras vidas. Jesús tiene cosas para que nosotros hagamos una vez que entramos a Su historia (y Él nos enseña a ser más como Él de manera que podamos realizar estas cosas).
Nuestra oración, nuestro tiempo con Dios y el ser llenos del Espíritu Santo nos moldean y nos ayudan a ser más como Cristo. Esto de forma natural nos conduce a la acción, ya que el amor de Dios nos inspira para amar a otros.
Orar
Agradezca a Dios que ha enviado a Jesucristo y al Espíritu Santo para hacer posible que usted tenga una relación con Él. Comprométase a continuar pasando tiempo con Él en oración, adoración y estudio de la Biblia, y pídale que le revele el llamado que tiene para su vida.