​¿Le preguntaste?

​La Biblia dice que los que recibimos a Cristo, lo oímos. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen. Cuando Dios nos habla, casi nunca es una voz: pone impulsos en el corazón. ¿Cómo sabemos que vienen de él y no son un deseo de nuestra carne o una mentira del diablo? Es importante diferenciarlo porque determinará las decisiones que tomemos y, si nos equivocamos, esas acciones nos llevarán a la muerte; por eso Proverbios dice que Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte. Si queremos que el Señor nos hable, preguntémosle «¿es tu voluntad?, ¿qué piensas?, ¿hago ese negocio?, ¿me relaciono con…?». Santiago dice que Si realmente quieres saber lo que Dios quiere de ti, pregúntale, y él con mucho gusto te lo dirá. ¡Tal vez por eso no lo escuchamos!

 

¿Cómo sabemos que un sentir es del Señor? Primera de Juan dice que los pongamos a prueba porque el enemigo puede engañarnos como a Pedro que, cuando Cristo preguntó: ¿Quién dicen que soy?, respondió: Eres el Cristo, el Mesías, el Hijo del Dios viviente. Jesús lo felicitó y le contó de su sufrimiento antes de morir; en ese momento, Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo por decir semejantes cosas. Cristo apartó a Satanás porque lo que Pedro decía no venía de Dios, sino del enemigo.

 

Si le pasó a Pedro, ¡¿cuánto más a nosotros?! Eso nos muestra que hablamos inspirados por el Espíritu Santo y unos segundos después podemos ser guiados por el demonio. Por eso Juan dice: No crean nada por el simple hecho de que les afirme que es mensaje de Dios. Póngalo a prueba.