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Recordemos que el mensaje de la cruz es de gracia, pero también de justicia. Al hablar de la justicia, estoy seguro de que el enemigo tratará de llevarnos a extremos, por eso, antes de buscar el porqué de nuestra desgracia, tengamos en cuenta:

La enfermedad, pobreza, accidente o circunstancia adversa no siempre se deba a una mala siembra o un pecado. No todo lo que nos pasa es consecuencia de lo que sembramos; hay cosas que no entendemos y en esos casos, demos gracias a Dios y preguntémosle cuál es su propósito.Evitemos que el diablo traiga condenación porque él aprovecha un devocional como este para eso. Al buscar a Dios necesitamos discernimiento. Pablo habla de la diferencia entre Satanás, que trae culpabilidad y remordimiento, y su tristeza lleva a la muerte; y el Espíritu Santo, que trae la convicción de pecado que nos lleva a la libertad, el amor y la paz.No juzguemos. Impidamos siquiera que pase por nuestra mente la idea de que la prueba de otro es por algo malo que hizo. ¡Ay de los que dicen!: «¡por algo será!, ¡¿quién sabe qué pecado cometió el desgraciado?!». El momento en el que tenemos esos pensamientos, las consecuencias sobre nosotros son peores. La carta a los romanos dice que no importa quiénes seamos, no tenemos excusa para juzgar porque al hacerlo nos condenamos a nosotros mismos. En Mateo se nos demanda que no juzguemos para no ser juzgados, es decir, para que eso no se nos devuelva. ¡Ya! ¡Cerremos el paréntesis! Ahora la pregunta a considerar los próximos días es…, ¿por qué las cosas me están saliendo mal?
Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.
2 Corintios 7:10
Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.
Romanos 2:1
Categorías: Pensamientos