“Y aquella noche apareció Dios a Salomón y le dijo: Pídeme lo que quieras que yo te dé.” 2 Crónicas 1:7

Parece difícil creer que tenemos la misma invitación y desafío del Señor!

Cuando hay abundancia para vivir, parecería que nada hay que pedir. ¿Es asi?… Pero surgen varias preguntas antes de pedir: ¿Qué es lo más importante para pedir?; ¿Para quién pedir?; ¿Es solo para el presente, el futuro o la eternidad?; ¿Es solo un pedido material o terrenal?; ¿Quién o quiénes serán glorificados?

Cada uno tendrá diferentes propósitos. Salomón era consciente del compromiso asumido, aunque no sabemos si su pedido fue premeditado, a la larga o al final de su vida, la sabiduría recibida no le libró de su insensatez para con Dios.

Miremos un pedido del Señor: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.” Juan 17:24.

Debemos darnos cuenta que el pedido e intercesión por sus discípulos no consistió en un buen pasar, en tener buenos trabajos, que les vaya bien, ni en progresar, ni en salud, etc. (Cosas que no se nos escaparía pedir).

¿Queremos lo mismo que quiere y pidió el Señor?. ¿Cómo son nuestros pedidos?

El estar con Cristo para ver Su gloria y el amor con que fuimos amados por Dios, ¿está incluido en nuestros pedidos? Tenemos muchas oraciones más para ver cómo debería ser nuestro enfoque y propósitos al orar!

La invitación y desafío del Señor  es dada con una promesa : “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá…. Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” Mateo 7:7-11.

Categorías: Pensamientos

INAC Suárez

Cuando Cristo vino a mi corazón, mi vida entera cambió! Su paz y su amor alejaron de mi las dudas, las sombras y el temor!