​”Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” Mateo 6:9-10

​Debemos ver y reconocer: La prioridad de Dios para y cuando oramos!

El reconocimiento a Dios como Padre y su lugar de soberanía y preeminencia por sobre todo y todos! Que es Dios Único y Santísimo. Cuando no asumimos y vemos a Dios como Es, entonces vamos a tener inconvenientes y rechazos para someternos a Su autoridad y también para aceptar y cumplir  Su voluntad.

La oración nos debe llevar a deponer toda actitud de suficiencia, de poder, de voluntad propia que nos lleven a vivir sin tener en cuenta y sin amar al Dios Supremo y Altísimo! Esto debe significar humildad y dependencia de Dios. Es el cambio de un estilo o manera de vivir. Es el punto de partida del amor más profundo a Dios. Es la entrega del ser tal cual es para doblegarlo a Dios aceptando Su misericordia y gracia.

El amor de Dios le llevó a buscarnos. Decir que amamos a Dios sin orar es incongruente y una de las hipocresías del creyente que cree tener la fe en Dios, pero sin relacionarse con Dios.

Las relaciones con Dios en el cielo en cuanto al cumplimiento u obediencia de Su voluntad deben ser nuestro modelo a seguir. Una relación en santidad y bajo la autoridad de Dios Soberano para el cumplimiento efectivo de Su voluntad.

La iglesia, Cuerpo de Cristo, es la realidad celestial en la tierra, donde Dios es amado y obedecido en relación permanente por medio de la oración!

Categorías: Pensamientos

INAC Suárez

Cuando Cristo vino a mi corazón, mi vida entera cambió! Su paz y su amor alejaron de mi las dudas, las sombras y el temor!