Sabías que...

Encontrá debajo la respuesta a cada pregunta!

Para conocer a Dios, debes oír o leer lo que nos dejó escrito, con total confianza. La naturaleza pecadora del ser humano ha torcido y alterado su juicio en los asuntos espirituales, por esto no quiere reconocer que la Biblia es verdad, porque debe admitir que es verdad que es pecador y necesita salvación. Pedro escribió:

“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.” 2Pe. 1:16.

Quiénes vivieron con Jesús no se hubieran dejado torturar y matar por creer y seguir a Jesús, sus vidas fueron transformadas desde su interior para vivir vidas santas, llenas de amor y de gracia, llenos de paz y esperanza de vida eterna, conforme a la verdad que está en Jesús. Hay una invitación para vos:

“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;” Jn. 5:39.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2Ti 3:16-17.

Si quieres conocer a Dios, debes leer lo que hizo y enseñó Jesús: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” Jn. 1:18.

“Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” In 20:30-31. 

Todo ser humano está esclavizado a sus propios deseos, al pecado, a un sistema de vida sin Dios y a Satanás, enemigo de toda santidad y justicia; de manera que se hace necesario un rescate:

“como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Mt. 20:28.

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” 1Ti. 1:15.

Cuando una persona pecadora se considera justa, asume que no necesita salvación, a pesar de esto Dios no hace acepción de personas:

“el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.” 1Ti 2:4-6.

Contrasta con la condición del ser humano, la disposición y el obrar de Dios en Amor; porque el amor de Dios nunca está en contra de su santidad ni va contra su justicia. Dios perdona en amor, porque perdona en el justo juicio que fue satisfecho en la persona del Señor Jesucristo y en su sacrificio. El pecado debe ser castigado y la ira de Dios debe ser derramada, Jesucristo fue una ofrenda por el pecado, él estuvo en lugar de los pecadores tomando su justo castigo. Si no se acepta la salvación de Dios, no hay esperanza de vida eterna con Dios,

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.” Jn 3:16-19.

Lo más concluyente no es cómo te consideras delante de Dios sino aceptar lo que Dios considera que eres y necesitas; porque Jesús vino a rescatarte y salvarte!

Dios obró la salvación por nosotros, por medio de su Hijo; y hará Su obra en nosotros por medio de su Espíritu Santo.

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. … De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” Jn 3:3,5.

Nadie puede exhibir sus propias obras o justicia para con Dios:

“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.” Is 64:6.

A aquellos que reconocen su necesidad del perdón de Dios, Jesús les dice:

“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” Lc 5:32.

“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.” Lc 24:45-47.

El apóstol Pablo dijo:

“testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.” Hch 20:21.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se glorie.” Ef 2:8-9.

Para tener una relación con Dios, te es necesario oír a Dios, reconocer tu separación de Dios, aceptar que eres pecador, arrepentirte de tus pecados y creer que Jesús murió en tu lugar derramando su sangre para perdonar todos tus pecados y librarte de tu maldad. De manera que Su justicia es tu justicia, por medio de la fe. Pide perdón a Dios por todos tus pecados y acepta a Jesús como tu único y suficiente Salvador. Dios te dará un corazón nuevo para que comprendas y seas obediente a su voluntad y Palabra.

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” Jn 5:24.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2Co 5:17.